Terapia de pareja
- Pablo Alarcon Molina
- 31 ago 2019
- 20 Min. de lectura

LA COMUNICACIÓN Y EL CONFLICTO EN LA PAREJA
La pareja es uno de los aspectos centrales de la vida de un ser humano. Una vez que el ser humano llega al mundo, la comunicación resulta el factor más importante que determina el tipo de relaciones que va a tener con las personas más cercanas, para posteriormente instrumentarla en relaciones de otro tipo. La comunicación es la norma por la que dos personas se conocen, exploran y crean vínculos sólidos (Satir, 1986) Bateson y Ruesch (1984, p. 13) afirman que “la comunicación es la matriz en la que se encajan todas las actividades humanas”. De ahí que este enfoque inaugure una forma de comprender la comunicación mucho más amplia, ubicando la reflexión sobre la comunicación en un marco holístico, como fundamento de toda actividad humana. Los denominados “Axiomas de la comunicación” ponen en evidencia las ideas anteriores. Según Watzlawick, Beavin y Jackson (1971), es imposible no comunicar, por lo que en un sistema dado, todo comportamiento de un miembro tiene un valor de mensaje para los demás; en segundo lugar, en toda comunicación cabe distinguir entre aspectos de contenido o semánticos y aspectos relacionales entre emisores y receptores; como tercer elemento básico, los autores señalan que la definición de una interacción está siempre condicionada por la puntuación de las secuencias de comunicación entre los participantes; el cuarto axioma apunta a que la comunicación humana implica dos modalidades, la digital –lo que se dice- y la analógica –cómo se dice-; el quinto y último axioma establece que toda relación de comunicación es simétrica o complementaria, según se base en la igualdad o en la diferencia de los agentes que participan en ella, respectivamente. El planteamiento de estos axiomas rompe con la visión unidireccional o lineal de la comunicación. De alguna manera, los axiomas marcan el inicio para comprender que la comunicación no es sólo cuestión de acciones y reacciones; es algo más complejo, y debe pensarse desde un enfoque sistémico, a partir del concepto de intercambio. Los axiomas de la comunicación vienen a confirmar el modelo relacional, sistémico, que enmarca toda la reflexión sobre los fenómenos comunicativos. En una situación comunicativa, por tanto, es la relación misma lo fundamental que hay que estudiar, más que las personas que están implicadas en ella. De ahí que la interacción se erija como el centro del debate y como el objeto a atender antes que cualquier otro elemento. Por lo tanto, la comunicación es uno de los factores más importantes para que la relación de pareja funcione adecuadamente, cuando ésta falla da lugar al conflicto. El conflicto es parte de un proceso natural de toda relación. Los sistemas sociales en general, buscan mantener un balance entre flexibilidad y estabilidad y tanto la comunicación como la negociación durante el conflicto son la llave para encontrar la armonía en este proceso.
LA COMUNICACIÓN EN PAREJA
Dindia y Fritzpatrick (1988; citado por Anaya y Bermúdez, 2002) encontraron que la comunicación es un factor primordial en el desarrollo de las relaciones interpersonales. Una comunicación satisfactoria puede promover el manejo de un conflicto más adecuado; promoviendo relaciones satisfactorias y duraderas, mientras que una comunicación inadecuada puede contribuir a la insatisfacción y al rompimiento de la relación. Siendo un componente de suma importancia dentro de las relaciones de pareja, la comunicación, según Pearlman (2000) es mucho más compleja de lo que se cree. La comunicación comienza con las intenciones del emisor, así como con el mensaje que se desea compartir. El problema es que las intenciones del emisor son privadas y conocidas únicamente por él o ella. Para que estas intenciones sean comunicadas al receptor, deben ser codificadas en acciones verbales y no verbales que sean públicas y observables. Una variable de factores, como son el humor del emisor, la habilidad social que posea, e incluso ruidos en el ambiente inmediato pueden influenciar o interferir con este proceso; entonces, el receptor, debe decodificar las acciones del emisor, contando que en este proceso puede ocurrir interferencia de igual manera. El resultado final es un efecto en el receptor, que de nueva cuenta es privado y conocido únicamente por él o ella. Durante la comunicación, cada uno de los miembros de la díada impacta en el otro, al compartirle información de índole personal (auto-divulgación) o no personal, lo que crea una nueva realidad para la pareja. De hecho, es a través de la auto-divulgación, que una persona permite que se le descubra, en otras palabras, el ser conocida por otra. Esto lo logra al intercambiar información que se refiere al yo, revelando cómo se siente, qué piensa, sus experiencias pasadas y planes al futuro, en un tiempo y lugar apropiados (Derlenga, 1984). Sin embargo, la comunicación abarca una amplia gama de signos que representan cosas, sentimientos e ideas, que crean una realidad interpersonal característica entre dos personas. Así, la comunicación representa el medio idóneo para que la persona exprese apertura y obtenga a la vez retroalimentación acerca de sí misma, apoyo, aceptación y confirmación de que es un individuo digno para establecer una relación íntima exitosa (Sánchez Aragón y Díaz Loving, 2002). La comunicación en la pareja representa no sólo el medio idóneo para expresar sentimientos, pensamientos, temores, percepción de la pareja y situaciones de la historia vital, sino que facilita la forma de organizar la relación y crear una visión conjunta del mundo (Fitspatrick, 1987; citado por Roca, 2003). En cuanto a las diferencias entre los géneros con respecto a la comunicación se puede decir que desde pequeñas, a las mujeres se les enseña a compartir sus sentimientos, a ser sumisas y a evitar los conflictos. Por otro lado, a los niños se les enseña a demostrar su poder; se espera que destaquen en sus grupos de amigos y son recompensados por ello. Todas estas experiencias llevan a niños y niñas a tener diferentes patrones de comunicación. Una vez establecidos, cada género llevará a cabo conductas que reforzarán estos patrones. Por estas razones Linder (1993) afirma que las mujeres tienden a evadir el conflicto porque lo experimentan como una amenaza a su relación; les preocupa lastimar los sentimientos del otro. Estas ideas las llevan a expresar su agresión de manera indirecta, o mediante explosiones inesperadas de enojo. Los hombres, en cambio, son más directos en sus confrontaciones y expresan su agresión de manera más abierta. Estilos de comunicación La comunicación dentro de la pareja es una variable fundamental para el funcionamiento de la misma en cualquier etapa que ésta se encuentre. Además, posee dos dimensiones: contenido y estilo; el primero se refiere a toda aquella comunicación verbal que contenga el mensaje y el segundo se refiere a la manera en como se transmite el mensaje (Boland y Follingstand, 1987; citado por Roca, 2003). Examinar el estilo de comunicación de la pareja ayudará a reflejar la o las maneras en que esa información es transmitida (Nina, 1991 citada por Sanchez y Diaz Loving, 2003) Al respecto Norton (1978) describió el estilo como la manera en que uno se comunica, y lo define en la forma en que verbal y no verbalmente se interactúa ante un código que debe ser interpretado o comprendido. Afirma también, que el estilo son señales que ayudan en el proceso de la comunicación a interpretar, filtrar o entender el significado literal. También establece que el estilo del comunicador se caracteriza por ser observable, multifacético, multicolineal y variable. Existen múltiples descripciones sobre los estilos comunicativos en la pareja pero en este texto no los vamos a tratar. Estos estilos de comunicación, conllevan a cada persona a comunicarse de una manera muy particular; haber aprendido, y utilizar tal o cual estilo moldea la forma en que se intercambia información con la pareja, y afecta, en el mismo sentido, la interpretación que se le dará a la información que se reciba.
El CONFLICTO EN LA PAREJA
Desde la perspectiva sistémica interaccionista, el conflicto es una forma de comunicación diádica, que se clasifica en positiva o negativa al referirse a sus efectos sobre la naturaleza intima de la relación (Cahn, 1992). Esta perspectiva centra su atención en la interacción para solucionar conflictos. El conflicto puede considerarse como expresiones emocionales de puntos de vista opuestos en donde los miembros de la pareja emplean patrones de comunicación específicos. En las relaciones de pareja el conflicto ha sido definido como el momento en que sus miembros no pueden llegar a un acuerdo, tienen dificultades para conciliar sus intereses personales, o existe una falta de entendimiento entre éstos. (Díaz Loving, 1999) Coombs (1987) propone que el conflicto progresa a través de tres etapas específicas:
1. El conflicto potencial es experimentado por un miembro de la pareja, cuando se enfrenta a una elección entre una o más opciones o metas incompatibles.
2. El conflicto se convierte en una realidad cuando la interacción revela que los miembros de la pareja quieren cosas diferentes, pero piensan que esas diferencias se pueden resolver.
3. El conflicto amenaza a la relación cuando los miembros de la pareja perciben que no existe una consecuencia mutuamente aceptable, y se deben hacer sacrificios indeseados para resolver las diferencias.
En esta etapa los intereses propios usualmente reemplazan a los intereses mutuos, existen ganadores y perdedores, y los ejercicios de poder dominan probablemente en el proceso. Para algunos esta etapa puede dar fin a la intimidad. Coombs observó, que al centrarse en el interés propio las parejas llegan de la etapa dos a las tres, mientras que enfocarse en el interés común hace que la pareja se mueva de la etapa tres a la etapa dos o uno. Levinger y Pietromonaco (1989) proponen basándose en la teoría Jungiana, que la gente posee estilos característicos para manejar el conflicto interpersonal. De acuerdo a esto las estrategias de los individuos están basadas en su preocupación por sus propios beneficios y por su preocupación en los beneficios del otro.
Combinando estas dos dimensiones se llega a cinco estrategias básicas en el afrontamiento a situaciones de conflicto interpersonal:
Acomodación: Alta preocupación por el otro, baja preocupación por uno mismo. Incluye sacrificar las propias metas para satisfacer las necesidades del otro y protege las relaciones mediante el dar al otro, quien alcanza sus propios beneficios a expensas de quien se acomoda.
Evitación: es la estrategia baja en preocupación por el otro y por el yo. Al no afrontar el conflicto, la situación se queda sin resolver o que la otra persona resuelva. Competencia: estrategia alta en la preocupación por el otro. La situación de afrontamiento es vista como una situación en la que se tiene que ganar o que perder. Está orientada al poder.
Colaboración: estrategia donde ambos miembros se benefician al buscar la ayuda de la pareja para pensar una solución que beneficie a ambos.
Compromiso o acuerdo: se colabora con la otra persona para llegar a un acuerdo de manera creativa. Es decir, la persona realiza una negociación con su pareja por medio de la comunicación.
Arnaldo (2001) encontró que las parejas eligen entre siete estrategias para afrontar sus conflictos en las relaciones de pareja:
1. Negociación y comunicación: consiste en entablar un dialogo, el buscar y alcanzar una solución. Decir lo que se piensa y se siente y también aumentando la escucha.
2. Automodificacion: La persona despliega autocontrol al ser prudente, paciente y cambia las conductas que pudieran provocar los problemas, aceptando los errores propios, siendo empático y tratando de evitar estar a la defensiva.
3. Afecto: Se emplea siendo cariñoso, amoroso con la pareja y haciéndole sentir que se le ama.
4. Evitación: dejar pasar el tiempo, alejarse y mostrarse indiferente e ignorar a la pareja.
5. Relacional- Reflexivo: analizar sus causas y dar explicaciones sobre lo que sucedió.
6. Acomodación, se acepta que se cometieron errores, se asume la culpa del problema y se hace lo que la pareja decide, cediendo.
7. Separación: No se refiere a la ruptura si no a que las personas esperan a que las cosas se calmen, no discuten inmediatamente y tratan de darse tiempo.
Desde un enfoque conductual-sistémico es importante evitar algunos errores frecuentes. El primero es ignorar el conflicto. Si uno niega el conflicto o los problemas, éstos se acumulan y se manifiestan de forma que entonces la pareja no puede controlarlos ni confrontarlos. Con mucha frecuencia cuando algunas parejas se dedican a evitar el conflicto, una forma de intentar que este salga a la luz es a través de una aventura extramarital. Si el otro cónyuge se niega a escuchar el mensaje, la forma de seguir denunciando el conflicto es teniendo otras aventuras extramaritales, hasta que por fin se decida a afrontar las dificultades intrínsecas de la pareja. Aquí el problema básico no está en la aventura extramarital sino en lo que ocurría en la pareja antes de dicha aventura. Segundo, con frecuencia los miembros de la pareja tienden a intentar solucionar los problemas tratando de que sea el otro el que cambie, creen que solo el otro es el culpable de lo que ocurre. Si aceptamos que el otro nos influye, nos condiciona y determina la relación, por lógica debemos aceptar que nosotros podemos hacer lo mismo. No hay ningún conflicto de la pareja en el que los dos cónyuges no participen más o menos en la misma proporción. Tercero, también debe evitarse buscar refugio en otras personas y en actividades externas a la relación para la resolución de los conflictos. Es una forma más de evitar las diferencias y por tanto la posibilidad de enriquecimiento y crecimiento. Todas las parejas funcionan a través de un control de reciprocidad que expresado de una forma sencilla consiste en: “si yo te complazco, tu tendrás que complacerme”. Es una forma de interrelación sistémica que lleva a un círculo negativo donde yo te castigo o te frustro y eso conduce a que tú hagas lo mismo conmigo. Así solamente nos podremos mover en uno de estos dos modelos de interacción. Todas las parejas tienen la posibilidad de elegir el primero, es decir, el control recíproco basado en la tendencia a satisfacer y complacer las necesidades del otro: no intentar que primero el otro satisfaga las mías.
MAPAS QUE SE APLICAN EN LA TERAPIA DE PAREJA
En la terapia de pareja existen diferentes enfoques que nos pueden ayudar a analizar los problemas que presentan las personas en sus relaciones y procesos vitales. En el trabajo que venimos presentando nuestro interés se centra principalmente en el enfoque sistémico. Como anotábamos al principio nos interesará entender estas relaciones como interacciones donde se pondrán en juego las cuestiones individuales en relación con el otro en un contexto que también sumará elementos, haciendo como conjunto un todo en la relación. La construcción de una relación de pareja supone uno de los hitos vitales en el proceso de diferenciación de una persona más importantes. Supone la separación del núcleo familiar de origen y el intento de crear un núcleo propio, elegido, con la persona amada. Sin embargo, tal como hemos explicado en el apartado anterior, a pesar de ser algo que la persona crea desde su propia intención, es un proceso en el que inevitablemente emergerán desajustes y conflictos que las personas habrán de superar. Existe una extensa literatura acerca de los modelos de tratamiento sobre los problemas de pareja. En nuestro caso nos centraremos en tres teorías configuradas como mapas que nos permitirán comprender y analizar los procesos relacionales y las problemáticas que se dan en la pareja y su devenir. Los mapas sobre los que nos apoyaremos tendrán su base en los procesos de diferenciación de Bowen (1998), el concepto de epigénesis de Wynne (1991), la obra de Lealtades Invisibles de Boszormenyi- Nagy (1983), el Ciclo de Vulnerabilidad y el Enfoque de Múltiples Niveles de Scheinkman (2004).
DIFERENCIACIÓN
El mapa de la diferenciación nos muestra una guía sobre el grado de apego emocional no resuelto, la cantidad de ansiedad que de él resulta y el modo de afrontarla. Este proceso se produce desde el nacimiento pasando por el desarrollo de todo el ciclo vital. Existen varios autores que nos hablan de ello. El máximo exponente en este campo será Bowen, quien apunta que el primer triángulo emocional en el que se ve inmersa una persona en su vida es el de un hijo con sus padres. Es una teoría sobre el comportamiento humano, que viene a decir que uno no puede entender el comportamiento de una persona sin entender al resto de los miembros de su familia. La familia es una unidad emocional y existe variación de una familia a otra en relación a los niveles de interdependencia entre sus miembros. Este triángulo que se da con los padres, del que toda persona toma los modelos relacionales triangulares, queda relativamente determinado para todas las relaciones futuras. El nivel de diferenciación se repite en el matrimonio, tras el cual, el sí mismo está ligado emocionalmente a los padres en la generación pasada, al cónyuge en la presente y a los hijos en la futura. Existen otros triángulos interconectados con el triángulo primario, y en general va a ser necesario actuar también sobre esos otros para trabajar la diferenciación. Se dan dos desarrollos mutuamente en la familia, crianza y proceso evolutivo adulto en donde encontramos: La historia de cada adulto con su familia de origen y experiencias vividas previamente. La relación entre la pareja. Las pautas de relación que se van construyendo entre los padres/madres e hijos. Los factores que influirán en el proceso de diferenciación son: Nacimiento del bebé (separación física de la madre). Separación emocional de la madre/padre (o cuidador). Grado de diferenciación de los padres respecto de su familia de origen. Naturaleza de la relación entre los padres y con otras personas significativas. Estrés que se vive en la familia y capacidad de soportar tensión. En este mutuo desarrollo se dan tensiones, nudos, pautas, que se van quedando mientras otras desaparecen o se desechan. Con el propósito de ampliar y completar este apartado, creemos importante anotar que Stierlin (1997) señala a otros autores que matizan algunos aspectos de este concepto. René Spitz describió el proceso de individuación como expresión y consecuencia de un diálogo. Éste comienza entre madre e hijo/a e integra posteriormente también a otras personas próximas, va ampliándose en la medida en que la persona va creciendo y desarrollando nuevas relaciones personales. El matrimonio Grossman, que continuó la labor de Bowlby, se interesa por el sentimiento de seguridad o inseguridad del vínculo durante el proceso de individuación de la persona. En este desarrollo se muestra una dialéctica característica: el niño que se siente protegido y aceptado por la madre puede permitirse una autonomía creciente. Afirman que la experiencia de protección y aceptación no excluye el poder ser y el permitirse ser autónomo, sino que ambas vivencias se condicionan mutuamente. Daniel Stern analizó el sentimiento de sí mismo del niño pequeño. Éstos comienzan a formarse muy tempranamente y constituyen la base para la individuación exitosa en general. A ellos pertenecen la sensación de ser autor de los propios actos, el sentimiento de la cohesión corporal, el sentimiento de continuidad, la percepción de la propia afectividad, el sentimiento de ser un sujeto capaz de interactuar con otras personas, el sentimiento de desarrollar activamente una organización interior y, finalmente, el sentimiento de transmitir significados. Pero el niño sólo puede desarrollarse y diferenciarse si hay un diálogo que progresa. Se puede decir que el sentimiento de sí mismo surge siempre de nuevo desde los sentimientos del nosotros, depende de ellos, genera y refleja con la separación creciente también siempre de nuevo los sentimientos de vinculación y, a partir de éstos, el sentimiento de separación. Como nos dice Mariana Martínez Berlanga en su Seminario Sobre Diferenciación (2015) Siguiendo a Bowen un mayor nivel de diferenciación nos hará más flexibles y adaptables, más autónomos, menos vulnerables a ser contagiados por la ansiedad de los otros, más capaces de definir y sostener nuestras propias ideas, creencias y principios, tener menos síntomas, más leves y de menor duración, mayor capacidad para la autorregulación, más capaces de mantener relaciones abiertas adulto-adulto y más duraderas. Y con un menor índice de diferenciación seremos más vulnerables a las dificultades y presiones (ansiedad), más energía puesta en otros, en su atención, aprobación, expectativas y malestar. Dependeremos más de otros para nuestro bienestar, para definir nuestras creencias, actitudes, sentimientos y acciones. Tendremos síntomas más graves y de mayor cronicidad, existirá un dominio de la emoción sobre los principios y objetivos (pensamientos). Por lo tanto, el aporte que nos ofrece este enfoque supondrá orientar nuestro análisis del caso y los objetivos terapéuticos a que cada miembro de la pareja asuma la responsabilidad de sus propios actos, disminuya la reactividad emocional frente al otro y que ambos se expresen con libertad más allá de la respuesta del otro cónyuge. Observamos que cada uno de los mapas que explicaremos a continuación incluyen esta idea de autonomía emocional, siendo el eje transversal de todos ellos, como objetivo central a trabajar dentro de las relaciones de pareja, pudiendo ser ampliable al trabajo sobre todas las relaciones personales y humanas.
EPIGÉNESIS
Lyman Wynne (1991) nos acerca al concepto de epigénesis tomando como punto de partida el principio epigenético según el cual: Los intercambios o transacciones de cada fase evolutiva se apoyan en el resultado de transacciones anteriores. Esto significa que las influencias constitucionales y experienciales se recombinan en cada fase evolutiva, para crear nuevas potencialidades biológicas y de conducta que, a su vez, ayudan a determinar la fase siguiente… (p. 146). Este autor nos explica que los cambios estructurales en las familias son inevitables y forman parte del ciclo evolutivo. Los procesos relacionales, de alguna manera, quedarán a merced de estos cambios y plantearán continuos retos a los diferentes miembros. La cuestión que nos plantea y sobre la que nos interesa poner el foco en este trabajo es que dichas fases pueden sufrir alteraciones por desajustes o distorsiones que harán surgir dificultades en el crecimiento interno de la familia. Si en una o varias fases del ciclo evolutivo las familias generan desajustes o distorsiones lo más probable será que las fases sucesivas se vean influenciadas por ello haciendo aparecer los conflictos. En la secuencia evolutiva intervienen cinco procesos que actúan epigenéticamente en los sistemas relacionales. Estos cinco procesos son: Apego-cuidado solícito. Lo entendemos como la ligazón afectiva complementaria, manifiesta de manera prototípica en el allegamiento progenitor- hijo. Hace referencia a cómo se construyen los vínculos emocionales entre figuras significativas. Comunicación. Comienza por compartir los focos de atención y continúa con el intercambio de significados y mensajes. Se centra en la construcción de una comunicación sana. Resolución conjunta de problemas y la participación cotidiana renovable en los intereses, las tareas y las actividades recreativas, crean nuevas posibilidades de crecimiento en la pareja. Mutualidad, es decir, la integración flexible y selectiva de los procesos precedentes en una pauta de allegamiento duradera y supraordinada. Existe un compromiso mutuo de ir modelando la relación (flexibilidad) a medida que se desenvuelva el ciclo vital, ocurran hechos inesperados y surjan nuevos intereses y aspiraciones. En la mutualidad, el allegamiento es replasmado multidimensionalmente, y a veces experimenta reorganizaciones importantes, pero con una continuidad en las contribuciones de cada miembro de la relación. La mutualidad incorpora el distanciamiento o desvinculación y la nueva vinculación constructiva. Implica el reconocimiento de la propia identidad y de las diferencias. Intimidad. Es un contexto de no juzgamiento, de ayuda, terapéutico. Permite la elaboración de situaciones difíciles que uno ha tenido. Wynne nos presenta todos estos elementos que en su conjunto vendrían a ser el todo cualitativo resultante de los procesos relacionales que son construidos entre las personas, decodificado en lo que el autor viene a llamar la calidad del trato que existe entre los miembros de la familia. Determinará el modo de moverse en las diferentes situaciones. Donde más podremos observarlo será en la Resolución Conjunta de Problemas y en la Comunicación, en el cuidado que ambos individuos sean capaces de desarrollar sobre sí mismos y el otro. Esta calidad de trato funcionaría como una guía general para orientar al terapeuta, ya que el descubrimiento de distorsiones y desajustes nos acercarán a identificar en qué grado de calidad se puede encontrar una familia. Por otro lado, será importante también destacar el concepto de circularidad al que nos acerca Wynne al explicar los procesos relacionales como “transaccionales”. En su opinión las personas experimentan un cambio interno a través del intercambio recíproco con el otro, haciendo que las partes sean complementarias, aunque el cambio no tenga lugar en el mismo momento del proceso personal de cada cual. El concepto de epigénesis nos habla sobre las cualidades y la calidad de los procesos relacionales que acontecen en la familia, lo que nos ayudará a poner la mirada sobre los procesos relacionales como procesos en los que existen intercambios cualitativos entre las personas que favorecen el crecimiento individual y del conjunto, o que por el contrario, favorecen el desarrollo de patologías o graves conflictos. Es como si nos estuviésemos moviendo en una línea donde un extremo nos acercaría a los ajustes adecuados y el otro a los desajustes no deseables. De este modo se nos facilita un marco de comprensión general que podrá orientar nuestra percepción y observación general de cara al análisis más profundo de nuestro caso.
LEALTADES INVISIBLES (IVAN BOSZORMENYI- NAGY, GERALDINE M. SPARK)
La obra de estos dos autores nos habla de forma extensa de diferentes cuestiones relacionadas con el concepto que bautizan como lealtad invisible, profundizando en todos los elementos relacionados con este concepto. En nuestro caso nos centraremos en las ideas principales. El concepto de lealtad invisible multipersonal implica la existencia de expectativas estructurales de grupo, en relación con las cuales todos adquieren un compromiso. Su marco de referencia es la confianza, el mérito, el compromiso y la acción. Esta lealtad se remite a varias fuentes: lealtad familiar, derivada del parentesco biológico y hereditario; y la lealtad como actitud individual, que abarca la identificación con el grupo, autentica relación objetal con otros miembros, confianza, confiabilidad, responsabilidad, compromiso, fe y firme devoción. Por otra parte, la jerarquía de expectativas del grupo connota un código no escrito de regulación y sanciones sociales. La internalización de las expectativas y los mandamientos en el individuo leal proporcionan fuerzas psicológicas estructurales que pueden ejercer coerción sobre el sujeto. Si no puede reclamar el más profundo compromiso de lealtad, ningún grupo podrá ejercer un grado elevado de presión motivacional en sus miembros. Para Nagy, existe en las familias lo que llama “Registros de Mérito” o “Cuentas de Justicia”, una clase de registro que contabiliza las deudas y los méritos acumuladas por los miembros del sistema familiar. El sistema tiende siempre a la justicia, a cumplir con ese código no escrito y que regula, con independencia de lo que intenten o pretendan sus miembros de manera individual con sus propias vidas. Hay que dar y recibir de manera equilibrada, amor, posesiones, respeto, energía El autor hace mucho hincapié en la cuestión transgeneracional. Siguiendo la “Regla de Deuda”, entiende que lo que una generación deja sin resolver, será la siguiente la que, inocente e inconscientemente, trate de resolverlo, quedando así atrapada en temas o asuntos que no son en realidad su responsabilidad. Existe una transmisión transgeneracional de los problemas familiares que a veces crean una cadena de destinos difíciles o trágicos. Los asuntos no resueltos de los sistemas familiares en generaciones anteriores y las injusticias cometidas dentro y fuera del sistema familiar pueden afectar la vida de las familias manifestándose en alguno o varios miembros del sistema, enfermedades inexplicables, depresiones, suicidios, relaciones conflictivas, trastornos físicos y psíquicos, dificultad para encontrar pareja, para prosperar, comportamientos conflictivos, etcétera. En conclusión, esta teoría permite elaborar una balanza entre lo que se ha dado y se ha recibido, que siempre intentará ser reequilibrado para salvaguardar la fiabilidad de la relación.
EL CICLO DE VULNERABILIDAD Y ENFOQUE DE MÚLTIPLES NIVELES (MICHELE SCHEINKMAN)
Forman parte de la vida en pareja las discrepancias y diferencias en la convivencia, así como los deseos y necesidades que coexisten sin sincronía. Lo habitual es que en su proceso de evolución la pareja pueda comprender esta realidad y resolver sus diferencias a través de la negociación mutua y la movilización de cada cual. Sin embargo, muchas parejas terminan atascados en lo que Scheinkman viene a llamar el impasse nuclear, refiriéndose a esos momentos de la pareja caracterizados por una intensa reactividad, escaladas, posiciones rígidas, irracionalidad y una repetitiva dinámica relacional. Esta activación del impasse puede darse existiendo al mismo tiempo la posición emocional de significados entre la situación presente y otras del pasado, o entre la situación presente y la experiencia dolorosa de uno o de ambos en otros contextos. Del mismo modo, también puede tener su origen en las tensiones relacionadas con desigualdades de poder y desconexiones basadas en diferencias culturales o de género. El foco de este mapa se encamina a determinar el modo en que las parejas manejan sus vulnerabilidades en estos momentos de alta reactividad y a analizar el ajuste o desajuste entre sus estrategias interpersonales cuando esto sucede. En este sentido, entendemos el término de vulnerabilidad como “la sensibilidad que los individuos traen de sus historias pasadas o de contextos actuales en sus vidas, a la intimidad de sus relaciones” (Scheinkman, 2004). En el momento en que las vulnerabilidades son tocadas dentro de la relación la persona tiende a percibir riesgo y a anticipar el dolor, reaccionando en este sentido con una conducta hiriente real o percibida de modo automático. Es de esta manera que los individuos entrarán en la reactividad emocional perdiendo de vista cualquier otra forma de solución ante el problema. Será importante también incluir el concepto de posiciones de supervivencia para hablar del “conjunto de creencias y estrategias que los individuos adoptan para proteger y manejar sus vulnerabilidades” (Scheinkman, 2004). Estas posiciones emocionales en las que se ubican los individuos suelen ser las que vienen utilizando en su experiencia de vida desde el pasado, desde sus experiencias en la familia de origen. Ayudan al individuo a protegerse a sí mismo o a otros de esas situaciones. Sin embargo, mientras que las posiciones de supervivencia pueden configurarse como mecanismos de protección, puede ser que supongan una conducta inapropiada para otras situaciones. Por lo general, estas posiciones tienden a evolucionar y a adaptarse, pero hay momentos en que pueden quedarse congeladas, impidiendo que la persona pueda superar el estrés o la adversidad, al no encontrar la flexibilidad necesaria para adaptarse a la nueva situación. Por tanto, el ciclo de vulnerabilidad se activa cuando los dos miembros de la pareja experimentan la necesidad de protegerse de un hecho real o percibido desde sus posiciones de supervivencia, manteniendo así las acciones y reacciones recíprocas, desconectándose del otro y de su propia capacidad para generar nuevas estrategias personales e interpersonales. Construirán entonces lo que la autora viene a llamar la Danza de la Pareja, entendida como la pauta circular que les mantiene en acciones y reacciones recíprocas. El mapa que nos ofrece esta autora para trabajar sobre estas cuestiones es el Enfoque de Múltiples niveles, donde aborda los patrones recíprocos, de pauta circular, de la pareja, conectando e integrando aspectos interaccionales, socioculturales, intrapsíquicos e intergeneracionales en la relación. Es por esto que se entiende este enfoque como de múltiples niveles, ya que se va pasando de un nivel a otro para abordar el problema de pareja de forma integral. Tal como venimos diciendo, se tratará de un trabajo en el aquí y el ahora de la pareja con el objetivo de ayudarles a moverse desde posiciones altamente reactivas a unas más reflexivas, de mayor diferenciación, conciencia y flexibilidad. De alguna manera, el objetivo consiste en ayudarles a asumir mayor responsabilidad personal frente al conflicto que experimentan, generando mayor empatía y conexión entre ellos.
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